ATRAPADA EN EL ASCENSOR

Fue justo ayer el día en que mi madre se quedó atrapada en el ascensor.


Las 7.30h de un día cualquiera de finales de septiembre, bien tempranito, pues como dice mi chati: “las que haya que apuntarse cuanto antes mejor”. Y allá que va la doña a pulsar el botón de llamada. El ascensor sube como cada día, hasta ahí todo normal, y es justo cuando ella entra, cuando hace acto de presencia su bolso, ese gran bolso que tienen todas las madres.

El bolso de mi madre es color café con leche, más leche que café, con unos pespuntes en blanco, ten en cuenta que aquí todavía es verano y esos colores son de lo más socorridos en esta época. Sus dimensiones, las del bolso, rondan los 40 x 50 cm y en él puedes encontrar de todo, temo que un día mi padre asome la cabeza de dentro y se encienda un cigarrillo...

La cuestión es, que el bolso queda atrapado en la puerta corredera haciendo que el ascensor ni suba ni baje, y allí está a mi madre, que por más que toca el botón de alarma, ésta no suena… Solución: “ver qué llevo en el bolso”. Cual McGiver, logra abrir un poco la cremallera y empieza a sacar: 
  • el móvil, con batería, cosa rara en mi madre
  • una botellita de agua
  • un abanico, no olvides que en esta fecha, en Alicante todavía es verano
  • un foulard, por si acaso refresca
  • un pintalabios, la edad no es incompatible con ir mona y se puede aprovechar cualquier momento para arreglarse un poco
y... colocando el foulard en el suelo, cual mantel de cuadros para picnic, se sienta encima. En una mano el abanico, en la otra el móvil. ¡Lista para pedir ayuda!

Yo tengo un tío muy gracioso, muy "apañao" según mi madre, y ante estas circunstancias, mi madre ¿a quién va a llamar si no a él?. Casualmente mi tío está por la calle, ya ves, en mi familia somos todos muy madrugadores... Y su móvil tiene batería, cosa también muy rara en los tíos de la edad de mi madre (ten en cuenta que es su hermano). Y ¿Qué hace mi tío? Pues lo normal, parar un coche de la policía que casualmente pasa por delante de sus narices, y allá que se van todos a rescatar a mi madre…

- “Doña, ¿está bien?.
- “Sí, sí estoy bien”.
- “Espere, que ya la sacamos”.


Tan fácil como tirar de la puerta para que el bolso de mi madre desbloquee la corredera, dejándola a ella libre tras un rastro de accesorios y cositas que caen del interior del bolso por el hueco del ascensor hasta el garaje... Se deshace en halagos y muestras de gratitud hacia los policías que le han salvado la vida mientras, además, le ayudan a recoger sus cositas que campan por las escaleras hasta el garaje... 

Ya la veo, saludándolos cuando se ven por la calle e invitándolos a un "cafelito" como si fueran grandes amigos... Sí, ya la veo, estas cosas dan mucho juego a las madres para fardar con las vecinas...

Y ya de paso, aprovecho para pedir a los administradores de fincas y empresas de mantenimiento de ascensores, que no se les pase la fecha de revisión, porque mi madre dice que "no hay nada más triste en el mundo que quedarse atrapada en un ascensor, y que toques el botón con la campanita y la alarma no suene, que nadie coja el teléfono cuyo número está en la placa, y que pienses que vas a morir, sin remedio, de un golpe de calor sin poderte despedir de tus hijos...". Y es que mi madre es así, ¿qué le vamos a hacer?

Por cierto, olvidé decirte que mi madre también llevaba el camisón en el bolso, con ella nunca se sabe…





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