SALVANDO LA DIGNIDAD
Ayer estuve con mi amiga Tere, me dijo algo que me hizo pensar...
Dice que es de las pocas chicas que odian hablar por teléfono, un 4% de la población femenina, para ser más exactos. Cuando dice odiar, no se refiere a preferencias o manías tontas, no, no, es algo así como una fobia.
FOBIA: se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos o situaciones concretas, un temor fuerte e irracional a algo que representa poco o ningún peligro real. Las personas con fobias intentan evitar lo que les provoca el miedo. Si eso no es posible, pueden experimentar: pánico y terror, taquicardia, falta de aire, temblores o un fuerte deseo de huir.
De manera informal se habla "fobia" cuando nos referimos a un sentimiento de odio o rechazo hacia algo que, si bien no es un trastorno de salud emocional, sí puede generar problemas emocionales o sociales.
Pues como te decía, Tere es de ese grupo de raritas que se caracteriza por ir retrasando y retrasando aquellas llamadas que cualquiera haría camino del trabajo, mientras compra o en mitad de un café con los amigos. Ésas llamadas, 3 semanas después aún no las ha hecho y tiene que mentalizarse durante días para coger fuerzas y realizarlas finalmente.
Así es que Tere, solía quedar mal con todo el mundo... claro, ¡no hacía uso del teléfono con la misma asiduidad que el resto de mujeres! y en esta vida, ya se sabe, el ser diferente pasa factura...
Pues como iba diendo, esto fue así hasta que inventaron el Whatsapp, divina aplicación que le permitió a Tere quedar bien con todo el mundo, felicitar en los cumpleaños, preguntar ¿qué tal? a los amigos convalecientes y amigas embarazadas, whatsappear de vez en cuando con antiguos compis de trabajo y de instituto,... ¡Vamos! Que el whatssap ha permitido a Tere salvar su dignidad y ser aceptada, de pleno, en su grupo de amigas. Y digo yo que tiene cojones la cosa...
Ahora es capaz, incluso, de organizar quedadas y convertirse en lider de festejos... pero dice que a quienes más guasapea es a aquellos que un día captaron que no es que fuera mal amiga, sino que el teléfono no era lo suyo, que le causaba una ansiedad difícil de controlar que de jovenciata suplía con las cartas escritas a mano, pero que con el tiempo, dejó de escribirlas porque todavía parecía más rarita...
La cuestión es que a mí, todos los días me manda algún guasap, aunque solo sea para decirme de qué era su bocata del almuerzo.






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